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El próximo año, la Agencia Espacial Europea (ESA) lanzará la Bepi Colombo, su primera misión a Mercurio
Por José Manuel Nieves - Enviado Especial A Noordwik (Holanda)
Mercurio no es como los demás planetas del Sistema Solar. De hecho, este pequeño y ardiente mundo rocoso es el más cercano al Sol, y eso lo hace especialmente difícil de estudiar. En él se dan temperaturas extremas, que de día pueden superar los 450 grados, para caer después, durante la noche, hasta los 180 grados bajo cero. Observarlo con telescopios convencionales resulta muy difícil , porque el brillo del Sol ciega los instrumentos que, para mirar al planeta, tienen obligatoriamente que apuntar hacia él. Y enviar sondas allí constituye un desafío tecnológico de primera magnitud. Hasta ahora, solo dos misiones de la NASA han visitado Mercurio: Mariner 10, que logró hacer tres sobrevuelos en los años 70 del pasado siglo, y Messenger, que orbitó el planeta desde 2011 hasta que agotó su combustible en abril de 2015.
Ahora, la misión europea Bepi Colombo aprovechará los datos recogidos por las dos sondas anteriores para ir un paso más allá, y tratar de explicar de una vez los misterios que rodean al primer planeta de nuestro sistema, como la presencia de agua en el fondo de sus cráteres más profundos y oscuros, el origen de algunas extrañas formaciones geológicas fotografiadas por la Messenger, o averiguar si el campo magnético de Mercurio tiene su origen en un núcleo de hierro fundido, como sucede en la Tierra. Resulta extraño, a este respecto, que a pesar de que se supone que el hierro es uno de los elementos más abundantes del planeta, no hay ni rastro de él en los análisis espectroscópicos. Incluso se aprovechará para poner a prueba, una vez más, la Teoría General de la Relatividad de Einstein.
Bepi Colombo, pues, será la primera misión europea en visitar Mercurio. Y para conseguirlo ha sido necesario poner a punto un buen número de nuevas tecnologías, desarrollar nuevos materiales y sistemas de propulsión, e incluso ensayar un nuevo sistema modular que permite apilar, igual que en una torre de cubos, los cuatro elementos (dos orbitadores y dos módulos de servicio) que conforman la misión.
La Bepi Colombo será lanzada en octubre del próximo año desde el puerto espacial de Kourou, en la Guayana Francesa. La Agencia Espacial Europea (ESA), la Agencia Japonesa de Exploración Espacial (JAXA) y Airbus, el contratista industrial principal al frente de un consorcio de 83 compañías de 16 países, presentaron ayer en la sede holandesa de la ESA (ESTEC) los objetivos científicos de la misión, así como la impresionante nave espacial de cuatro elementos, en un último vistazo antes de su lanzamiento el próximo año. La Bepi Colombo, que pesa cuatro toneladas y cuyos módulos apilados miden 6,4 metros de altura, está cerca de finalizar su campaña de ensayos. Se enviará al puerto espacial de Kourou, en la Guayana Francesa, en marzo de 2018.
Ayer fue, por lo tanto, la última oportunidad para ver en Europa el satélite totalmente ensamblado. A finales de Julio, en efecto, y tras las últimas pruebas mecánicas, la nave será desensamblada. Después, se llevarán a cabo otra serie de tests sobre cada uno de los módulos. Estas pruebas se prolongarán hasta el 18 de marzo, fecha prevista para el traslado de la nave a Kourou. Allí, la Bepi Colombo volverá a ser ensamblada y acoplada al lanzador Ariane 5, que la llevará al espacio en octubre. Siete años después, en Diciembre de 2025, la Bepi Colombo llegará por fin a su destino y comenzará una misión que, en principio, durará un año completo (equivalente a cuatro años de Mercurio), pero que podría prolongarse hasta dos.
Uno de los principales obstáculos que dificultan la exploración humana de Marte son los altos niveles de radiación solar, una radiación que en la Tierra es absorbida por la capa de ozono, que hace de capa protectora para la vida, pero que en el planeta rojo es demasiado fina para hacer de escudo.
Ahora, un equipo internacional de científicos —entre ellos investigadores de la Universidad Complutense de Madrid (UCM)— ha hecho un gran avance y ha diseñado un modelo que calcula los flujos de radiación que llegan a la superficie marciana en distintas regiones del espectro solar.
La investigación forma parte de la misión MetNet (Meteorogical Network), cuyo objetivo es instalar estaciones de observación en Marte para analizar sus parámetros y su atmósfera.
Dentro de esta misión, el sensor MetSIS será el encargado de medir la radiación solar en la superficie de Marte.
El modelo permite simular la radiación que incide sobre la superficie de Marte en distintas regiones del espectro solar bajo diferentes escenarios, definidos por la composición de la atmósfera, la latitud y el instante del día y del año.
"Los resultados obtenidos pueden contribuir en la preparación para la exploración humana de Marte", explica Álvaro Vicente-Retortillo, investigador del departamento de Física de la Tierra, Astronomía y Astrofísica de la UCM y coautor del estudio publicado en Journal of Space Weather and Space Climate.
"En este artículo nos hemos centrado en las regiones espectrales cubiertas por los sensores de MetSIS, pero es posible hacer las simulaciones en otras zonas del espectro, como las correspondientes al sensor de radiación ultravioleta de REMS, que está a bordo del rover Curiosity", afirma el científico.
Contar con simulaciones es útil para las diferentes fases de la misión.
Por ejemplo, antes del lanzamiento, es importante conocer la radiación que llegará al instrumento en cada banda según distintos escenarios atmosféricos.
"El uso conjunto del modelo y de las observaciones de MetSIS (una vez que llegue al planeta), puede aumentar notablemente el retorno científico de la misión", insiste Vicente-Retortillo.
Además, los resultados proporcionados tendrán numerosas aplicaciones en estudios relacionados con la dinámica atmosférica, el clima y la habitabilidad en Marte.
La investigación, en la que también participan el Instituto de Matemática Interdisciplinar de la UCM y la Universidad de Michigan (EE.UU.), se ha centrado en los sitios de aterrizaje inicialmente seleccionados para la misión MetNet.
En cuanto a los escenarios atmosféricos, los investigadores han trabajado con distintas concentraciones de partículas de polvo, desde la ausencia total a la cantidad que dio lugar a la máxima opacidad medida por Opportunity en sus primeros cinco años de mediciones.
Estas partículas de polvo tienen un gran impacto en los procesos de dispersión y absorción de la radiación solar en la atmósfera marciana, lo que influye en que, en Marte, la tonalidad del cielo sea amarillenta y rojiza durante el día y de color azulado con la puesta de Sol, justo al revés que en la Tierra.
(eldia.com)
El ingeniero aeroespacial de la NASA Miguel San Martín habló sobre las nuevas evidencias de agua en Marte. No se descarta que provenga de acuíferos subterráneos. «El agua siempre está relacionada con la vida», afirma.
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| El Ingeniero Aeroespacial argentino Miguel San Martín |
Un estudio publicado hoy en Nature Geoscience y financiado en parte por la NASA demostró que Marte no sólo parece tener agua congelada (lo que se sabía), sino también corrientes de agua salada, por lo menos durante el verano.
"Es un anuncio importante. El agua siempre está relacionada con la vida", dijo a TN el argentino Miguel San Martín, ingeniero aeroespacial de la NASA. "Son aguas con gran contenido de sal. Esta observación ya existía de antes, era una teoría que podía haber agua líquida. Ahora lo han confirmado", agregó.
Respecto a la procedencia del agua, no se descarta que fueran algunos acuíferos subterráneos, por la manera en que aparecen, que posiblemente sea en el momento que se descongelan. "El agua surge de abajo. La teoría era que hay agua congelada bajo las superficies, especialmente en los polos. Ahora, ¿qué es lo que la haría derretir y surgir a la superficie? Eso no lo sé", reconoce San Martín.
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NASA
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"Son varias las naves espaciales que hacen observaciones, pero no todas tienen la misma capacidad. La única que tiene una cámara de alta resolución es la que pudo hacer este descubrimiento", comentó el ingeniero. Sobre las próximas expediciones de la NASA, informó que "el año que viene vamos a mandar una misión que va a estudiar el núcleo de Marte, el interior, porque ahí justamente está la clave. En 2020 tenemos otra misión que va a tomar muestras, para que otra misión las vaya a buscar y las traiga de vuelta a la Tierra para que se analicen acá con instrumentos más sofisticados. Ahí sí podremos ir a buscar fósiles de vida. No la cuestión indirecta, sino la directa de detectar vida o fósiles de vida. Pero eso requeriría traer las muestras", agregó.
"Después tenemos el programa humano de Marte que, en el 2030, seguramente se haga una misión orbital. Los presupuestos todavía no están. Seguramente compañías privadas logren hacer lo que nosotros no pudimos hacer por falta de dinero", concluyó San Martín.
(clarin.com)
Ice House es el proyecto ganador del NASA's 3D Printed Habitat Challenge, en el que se presentaron 164 propuestas. Hubo tres proyectos premiados, los cuales debían poder ser construidos en el lugar con impresoras 3D.
Por Cayetana Mercé - cmerce@clarin.com -
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| NASA's 3D Printed Habitat Challenge |
El domingo 27 de septiembre la NASA definió quienes son los tres finalistas del concurso "NASA's 3D Printed Habitat Challenge" (Desafío Habitat en Impresora 3D) que invitó a imaginar lugares para vivir en Marte.
NASA otorgó a estos tres equipos un total de U$50.000 en la primera etapa de este Concurso de Diseño 3-D en la Maker Faire de Nueva York. El concurso desafió a los participantes a desarrollar conceptos arquitectónicos que aprovechen las posibilidades que la impresión 3-D puede ofrecer para imaginar hábitats en Marte utilizando únicamente esta tecnología y los recursos del lugar para desarrollar los proyectos.
La constelación ya cuenta con diez de los veintiséis dispositivos que estarán en funcionamiento en 2020 para competir con el GPS estadounidense.
La Agencia Espacial Europea (ESA) colocó hoy en órbita una nueva pareja de satélites para el sistema de navegación Galileo, constelación que ya cuenta con diez de los veintiséis dispositivos que estarán en funcionamiento en 2020 para competir con el GPS estadounidense.
El lanzamiento de «Alba» y «Oriana», a bordo de un cohete ruso Soyuz operado por el consorcio europeo Arianespace, tuvo lugar desde el Centro Espacial Europeo de Kurú, en la Guayana francesa, a las 02.08 GMT. Se trata de dos dispositivos fabricados por OHB y Surrey Satellite Technology y reciben su nombre en honor a dos niñas europeas que ganaron un concurso de dibujo para promover el interés en las ciencias aeroespaciales.
La Agencia Espacial Europea cuenta con poner en órbita a finales de año otra nueva pareja de satélites para reforzar un sistema que ya está operativo, aunque lejos de su plena capacidad, y que es compatible con el GPS.
Se trata del primer servicio de navegación de uso civil y no controlado por las fuerzas armadas, como su competidor estadounidense, en el que Europa lleva trabajando dos décadas y que aspira a ser mucho más preciso que el GPS.
Tras numerosos sobrecostes y los retrasos, los primeros satélites del sistema Galileo entraron en órbita en octubre de 2011 y los dos precedentes el pasado mes de marzo.
En agosto de 2014, el lanzamiento de los dos primeros satélites operativos, ya que los anteriores tenían por misión validar las órbitas, se lanzaron en 2014 y supusieron un sonado fracaso para el proyecto.
Un problema con el carburante del Soyuz hizo que «Doresa» y «Milena» terminaran en una órbita errónea, a unos 17.000 kilómetros de la Tierra, en lugar de la que les correspondía, una circular a 23.000 kilómetros.
Los siguientes lanzamientos, sin embargo, no presentaron ningún fallo y permitieron continuar con el despliegue previsto de la constelación, que aportará ventajas en gestión de transporte (aumento de la seguridad, agilización de las operaciones o reducción de la congestión), agricultura, pesca, sanidad o lucha contra la inmigración ilegal.
EFE
Según afirma el periódico The Independent, la oficina de patentes de EE.UU. ha concedido a la empresa Thoth Technology, de Ontario, Canadá, el derecho a la construcción de una “estructura neumática a presión para ser ubicada en la superficie del planeta”. Es decir, un ascensor espacial.
Si se realizara, este ingenio de 20 kilómetros de alto cambiaría la historia de los viajes espaciales y batiría todo tipo de récord: basta con calcular que sería más de 20 veces más alto que el mayor rascacielos del mundo, el Burj Khalifa de Dubái, de 830 metros. Según sus desarrolladores, tendría también un beneficio ambiental añadido, ya que utilizaría 30% menos de combustible que un cohete convencional lanzado desde tierra; también podría aprovecharse para otras funciones, como la generación de energía eólica, además de utilizarse en las comunicaciones y el turismo.
Brendan Quine, uno de los ingenieros a cargo del proyecto explica que “desde lo alto de la torre las naves espaciales podrían ser lanzadas en una sola etapa en órbita y luego regresar a la cima de la torre para repostar y volver al espacio”. La presidenta de Thoth Tecnology, Caroline Roberts, ha afirmado que el ascensor espacial, junto con las tecnologías de cohetes autoaterrizaje, anuncia una nueva era en el transporte espacial.
FUENTE: RT; Inhabitat
Imagen: Inhabitat
Los robots típicos que se usan para explorar superficies de otros mundos, como por ejemplo la de Marte, son portentos de la tecnología, pero no están preparados para circular por ambientes de muy baja gravedad, característicos de los cuerpos celestes pequeños. Si se les enviase por ejemplo a pequeñas lunas o asteroides, a esos robots les ocurrirían cosas como perder la tracción de sus ruedas, las cuales pasarían a girar descontroladamente. Tengamos en cuenta que la gravedad en Fobos, un minúsculo satélite de Marte, es mil veces más débil que en este. Por otra parte, para la mayor parte de estos robots, una caída que les deje tumbados “panza arriba” implica el final de su misión, pues ya no podrán darse la vuelta ni seguir avanzando.
En la imagen, recreación artística de un robot-erizo desplazándose por la superficie de una luna de Marte.
(Foto: NASA/JPL-Caltech/Stanford)
Una manera de superar todos estos problemas es recurrir al diseño de robots especiales, creados específicamente para explorar los cuerpos menores del sistema solar, como por ejemplo asteroides, cometas y pequeñas lunas como Fobos. Y aquí entra en escena el robot Hedgehog (erizo), en fase de desarrollo por especialistas de la Universidad de Stanford en California, el Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA en Pasadena, California, y el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) en Cambridge, todas estas entidades en Estados Unidos.
Hedgehog es un robot de una clase diferente que saltaría y daría volteretas sobre la superficie en vez de moverse haciendo girar ruedas. Tiene la forma de un cubo y puede avanzar y realizar su trabajo sin importar el costado sobre el que aterrice.
El concepto básico es un cubo con púas que se mueve gracias a girar y frenar volantes de inercia internos. Las púas protegen al cuerpo del robot contra los rasgos abruptos del terreno y actúan a modo de pies cuando salta y cuando rueda sobre sí mismo dando volteretas.
Las púas también podrían albergar instrumentos tales como sondas térmicas para tomar la temperatura de la superficie a medida que el robot da tumbos.
Dos prototipos del Hedgehog, uno de la Universidad de Stanford y otro del JPL, fueron puestos a prueba por el equipo de Issa Nesnas y Robert Reid a bordo de aviones de la NASA durante periodos de muy baja gravedad (por descenso) en vuelos parabólicos.
Estos robots demostraron varios tipos de maniobras que serían útiles para moverse sobre cuerpos pequeños de gravedad reducida. Los investigadores probaron dichas maniobras sobre diferentes materiales que simulan una amplia variedad de superficies: arenosas, rugosas y rocosas, deslizantes y heladas, y blandas y desmenuzables.
El análisis detallado de la conducta de los robots durante las pruebas ha permitido confirmar la validez de su diseño realizando saltos y volteretas controlados en entornos parecidos a los de un cometa.
En una de sus maniobras más simples y comunes, Hedgehog puede, tras apuntar en la dirección correcta, ya sea saltar hacia grandes distancias usando una o dos púas, o dar tumbos a lo largo de distancias cortas mediante la rotación de caras. Hedgehog normalmente da grandes saltos hacia un objetivo de interés, seguidos por pequeños tumbos a medida que se acerca.
Durante uno de los experimentos en vuelos parabólicos, los investigadores confirmaron que Hedgehog puede también efectuar una maniobra "tornado", en la cual el robot gira de forma agresiva para lanzarse a sí mismo desde la superficie. Esta maniobra podría ser utilizada para escapar de un agujero arenoso u otros sitios en los que de otro modo el robot quedaría atrapado.
El prototipo Hedgehog del JPL tiene ocho púas y tres volantes de inercia. Pesa unos 5 kilogramos (11 libras), pero los investigadores prevén que podría llegar a más de 9 kilos (20 libras) una vez equipado con cámaras y espectrómetros. El prototipo de la Universidad de Stanford es algo más pequeño y ligero, con púas más cortas.
La construcción de un robot del tipo de Hedgehog tiene un coste relativamente bajo comparado con la de un robot tradicional con ruedas, y muchos de ellos podrían ser reunidos para un mismo vuelo. La nave nodriza podría liberar bastantes robots a un tiempo o por etapas, dejándoles distribuirse por el terreno a fin de explorarlo. Esto aumentaría las probabilidades de hacer descubrimientos científicos importantes en la superficie previamente inexplorada de otro mundo.
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