Mostrando las entradas con la etiqueta Ciencias Naturales. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Ciencias Naturales. Mostrar todas las entradas
Los científicos que lo regulan mantienen fijas las manecillas, que indican cuánto le queda a la especie humana para su destrucción total, preocupados por las armas nucleares y el cambio climático



Se llama Reloj del Juicio Final (Doomsday Clock) y representa en «minutos para la medianoche» cuánto le queda a la especie humana para su destrucción total. Cada año, el grupo de científicos atómicos que lo regula anuncia cuál es la posición de sus manecillas, que se adelantan o se retrasan según los últimos acontecimientos políticos, científicos y militares a nivel global. En 2016, los investigadores han decidido mantener fijas las manecillas a tres minutos para las doce, preocupados por la proliferación de armas nucleares, el cambio climático y la confrontación entre Oriente y Occidente. El reloj no se mueve porque se mantienen las mismas amenazas que se cernían sobre el planeta en 2015, cuando fue adelantado a la posición actual, el punto más cercano al cataclismo desde los primeros días de las pruebas de la bomba de hidrógeno.

Este reloj, situado en la Universidad de Chicago y creado en 1947 ante el temor al estallido de una guerra nuclear, se ha convertido en un indicador universalmente reconocido de la vulnerabilidad de nuestra civilización. En esta ocasión, los expertos advierten en el «Boletín de Científicos Atómicos» de que la comunidad internacional sigue sin concentrar sus esfuerzos en la reducción de la extrema peligrosidad que representan las armas nucleares y el cambio climático. «Cuando llamamos a estos peligros existenciales, eso es exactamente lo que queremos decir: amenazan la existencia misma de la civilización», aseguran.


Los científicos recuerdan que en julio de 2015, al final de casi dos años de negociaciones, seis potencias mundiales e Irán llegaron a un acuerdo histórico que limita el programa nuclear iraní y tiene como objetivo evitar que Teherán desarrolle armas nucleares. Y en diciembre del año pasado, cerca de 200 países acordaron en París un proceso por el cual van a tratar de reducir sus emisiones de dióxido de carbono, con el objetivo de mantener el aumento de la temperatura mundial muy por debajo de los 2ºC por encima del nivel preindustrial. «El acuerdo nuclear de Irán y el acuerdo climático de París son grandes logros diplomáticos, pero constituyen sólo pequeños puntos brillantes en una situación muy oscura llena de posibilidades de catástrofe», advierten.

Llamamiento a los líderes mundiales

Ante estas amenazas, los científicos han hecho un llamamiento a los líderes mundiales para que actúen de forma coordinada y rápida contra el desarrollo de armas nucleares y con el fin de reducir drásticamente las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, especialmente el dióxido de carbono. Avisan de que los países del mundo han emitido suficiente dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero a finales de este siglo como para transformar profundamente el clima de la Tierra, perjudicando a millones de personas y amenazando a muchos sistemas ecológicos clave para la civilización. «Los líderes mundiales no han actuado con la velocidad o en la escala necesaria para proteger a los ciudadanos de una potencial catástrofe. Estas fallas de liderazgo político ponen en peligro a todas las personas en la Tierra», insisten los científicos. © ABC.Es


Se trata de una inmensa bola de fuego y gas que está liberando una energía equivalente a la de varios cientos de miles de millones de soles. En su interior, podría esconder un cadáver estelar que desconcierta a los científicos

  
Por José Manuel Nieves | Madrid  

Carolina Mínguez | Foto: Universidad de Ohio


La semana pasada, un equipo internacional de astrónomos de la Universidad Estatal de Ohio, la Institución Carnegie para la Ciencia y la Fundación Kavli, publicó en Science un hallazgo excepcional: la mayor supernova observada en toda la historia, 200 veces más poderosa que una supernova «normal». Se trata de una inmensa bola de fuego y gas que está liberando una energía equivalente a la de varios cientos de miles de millones de soles. Y en el corazón mismo de esa esfera ardiente y en expansión, duerme un núcleo de gran densidad y no más de 10 kilómetros de diámetro, sobre cuya naturaleza los investigadores no terminan de ponerse de acuerdo.

Los astrónomos piensan que el objeto central de la supernova podría ser un magnetar, un cadáver estelar formado por una rara variedad de estrella de neutrones, increíblemente densa, con un potente campo magnético y que gira sobre sí misma a gran velocidad emitiendo potentes pulsos de rayos X y Gamma.


Pero nunca hasta el momento se había visto un magnetar tan sumamente poderoso. Tanto, que va incluso más allá de los límites establecidos por la Física. El estallido de la supernova se produjo el pasado 14 de junio y fue inmediatamente detectado por observatorios de todo el mundo. Su nombre es ASASSN-15h

«Si realmente se trata de un magnetar - afirma Krzysztof Stanek, de la Universidad de Ohio- es como si la naturaleza hubiera decidido barrer todo lo que sabíamos sobre magnetares». © ABC.Es
Hallazgo realizado por un instituto de California. Según las evidencias publicadas, sería 10 veces más pesado que la Tierra y estaría más lejos del Sol que Neptuno.





Está ahí, pero todavía no podemos verlo. Dos científicos anunciaron ayer haber detectado indicios y evidencias de la existencia de un nuevo planeta en el Sistema Solar. Este “Planeta Nueve”, como le llamaron Mike Brown y Konstantin Batygin, del Instituto de Tecnología de California, no ha sido detectado aún, pero los científicos basaron sus conclusiones en modelos matemáticos y computacionales, y prevén que podrán ver su descubrimiento mediante telescopio en los próximos 5 años, o quizás menos.

Según estos indicios, publicados en la revista “Astronomical Journal”, el “Planeta Nueve” gira en torno al Sol a una distancia promedio veinte veces superior a la distancia que marca Neptuno, que hasta ahora era el planeta más lejano dentro de lo que se conocía del sistema solar. De este modo, el “Nueve” está tan lejos del Sol que necesita entre 10.000 y 20.000 años para la orbitación completa. Justamente por esa distancia, y por el escaso reflejo de la luz solar, resulta casi imperceptible para los telescopios actuales.

En cuanto a su tamaño, es diez veces más pesado que la Tierra y estaría en el quinto lugar entre los planetas más grandes, detrás de Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno.

“Por primera vez en 150 años existen pruebas fundadas de que la evaluación que teníamos hasta ahora de nuestro sistema solar era incompleta”, comentó Batygin, un joven de 28 años nacido en Moscú y formado en universidades de Estados Unidos.

Los astrónomos no vieron el astro, pero, tal como aseguró Brown, no dudan de su existencia, ni de que sea un planeta.

Brown subrayó que es 5.000 veces más pesado que Plutón, que fue catalogado en 2006 como planeta enano. Desde entonces sólo existen ocho planetas conocidos en el Sistema Solar.

Brown es uno astrónomo de gran prestigio en el mundo, y formó parte del equipo que descubrió que Plutón era un planeta “enano”. Su libro “Como maté a Plutón y por qué lo merecía” es un bestseller de ciencia y divulgación. En una entrevista con Clarín, en julio de 2015, Brown dijo que había recibido muchas “críticas” por su descubrimiento, porque terminaba con una idea instalada en la sociedad: “Hasta los alumnos de escuela me odian por haber matado a Plutón”. Su cuenta de Twitter también juega con esta idea: se llama @plutokiller (asesino de Plutón, en inglés). Desde allí, y con links a su blog, Brown explicó buena parte de sus anuncios y contó que había sido un día muy agitado por la repercusión de su descubrimiento.

Entre sus anuncios, Brown plantea la idea de la ciencia como algo colectivo, más que una iniciativa egoísta. “Pudimos haber permanecido en silencio y pasar los próximos cinco años buscando nosotros mismos los cielos con la esperanza de encontrarlo. Pero prefiero que alguien más lo encuentre pronto a que yo lo encuentre después’’, dijo a la agencia AP. “Quiero verlo. Quiero ver cuál es su aspecto. Quiero comprender dónde está y creo que esto ayudará”, dijo Brown. Según dijo ayer, hay al menos dos equipos de científicos “de otros dos continentes” que están en la búsqueda. Mientras tanto, el “Planeta Nueve”, espera.


(clarin.com)
Un renacuajo de una rana llamada Frankixalus jerdonii. EFE





por Víctor M. Olazábal | Nueva Delhi


Un grupo de científicos liderados por el biólogo indio Sathyabhama Das Biju ha encontrado una especie de rana arbórea que fue descubierta por primera y única vez en 1870, por lo que se creía extinta. El hallazgo ha tenido lugar en Meghalaya, un estado al noreste de India.

"Este es un descubrimiento emocionante, pero eso no significa que las ranas estén seguras", afirmó a AP el científico de la Universidad de Delhi, cuyo equipo encontró las ranas por accidente mientras buscaba otros anfibios en una investigación que empezó en 2007 en cuatro estados del noreste del país. Una noche, recuerda Biju, "escuchamos una orquesta musical viniendo de las copas de los árboles. Fue mágico. Por supuesto, teníamos que investigarlo".

Allí se encontraban las ranas, en pequeños charcos formados en los huecos de los árboles, a más de 6 metros de altura. Los científicos estudiaron su comportamiento, su aspecto exterior y su esqueleto. El grupo de biólogos sostiene que las hembras alimentan a sus crías con huevos no fecundados, una conducta inusual ya que los renacuajos suelen nutrirse de la vegetación.


Cuando los científicos secuenciaron su código genético confirmaron que se trataba de un género nuevo. "Demostramos que estas ranas forman un linaje evolutivo distinto que merece ser reconocido como un género nuevo", dice el estudio de Biju y su equipo, publicado esta semana en la revista PloS One. Llamaron a este género Frankixalus, dentro de la familia Rhacophoridae, habitual de Asia y África.



La ciencia daba por extinto este tipo de ranas descubierto en 1870 por el naturalista británico Thomas Jerdon en la región de Darjeeling, también en el noreste de India. Dos ejemplares del que entonces fue llamado Polypedates jerdonii son exhibidos en el Museo de Historia Natural de Londres.

La investigación presentada ahora concluye que este tipo de ranas no sólo se encuentran en los bosques indios sino que podrían estar viviendo en un área más amplio, incluyendo zonas de China, ya que su ADN coincide con el de unas muestras registradas recientemente en ese país.

¿Por qué no se han visto en todo este tiempo?

Pero ¿por qué no se han visto en todo este tiempo? El zoólogo indio cree que se debe al estilo de vida de estos anfibios que habitan escondidos en altos árboles, no en arbustos a ras de suelo. Otros expertos señalan que probablemente se deba a que pocos científicos investigan esa región tan remota. "No me sorprendería en absoluto si se descubriesen nuevas especies", dijo James Hanken, director del Museo de Zoología Comparada de la Universidad de Harvard, citado por National Geographic.



Biju, un científico reconocido en India que lleva más de 25 años dedicado al estudio de los anfibios, es apodado el "Hombre Rana" por haber descubierto un centenar de las 350 especies reconocidas en este país. Entre ellas, la extraña rana púrpura en 2003.

El hallazgo de Frankixalus se ha convertido también en una denuncia de la situación medioambiental de una región castigada por la acción humana. "Esta rana se enfrenta a un estrés extremo en esas áreas y podría ser empujada a la extinción simplemente por la pérdida del hábitat", afirmó Biju, quien alertó de que algunas zonas en las que hallaron los animales durante la investigación ya han sido taladas para la agricultura. A la extensión de los campos de arroz se une la ampliación de los asentamientos urbanos, la construcción de carreteras y la contaminación de la creciente industria. "Tenemos suerte de haberlas encontrado antes de que eso suceda, pero todos estamos preocupados", añadió.

Según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, el 32% de las 7.000 especies de anfibios que pueblan el mundo está en peligro de extinción, una suerte que ya corrieron la Rana de Australia (Rheobatrachus silus), el Sapo Dorado (Incilius periglenes) o el Sapo Jambato (Atelopus ignescens).

En los últimos años diversos proyectos para la recuperación de anfibios que se creían extintos han dado sus frutos alrededor del mundo, con redescubrimientos en Centroamérica o África. Uno de los últimos tuvo lugar hace pocos meses cuando en Ecuador apareció el Sapo Azuay (Atelopus bomolochos). © El Mundo.es


Las cosmología estándar, es decir, la teoría del Big Bang con su primer período de crecimiento exponencial conocido como inflación, es el modelo científico que prevalece para nuestro universo, en el que la totalidad del espacio y el tiempo crecieron desde un punto muy denso y caliente hasta una inmensidad homogénea y en constante expansión.



Brookhaven National Laboratory

Ahora, una nueva teoría sugiere un período inflacionario secundario más corto, que podría explicar la cantidad de materia oscura que se estima que existe en el cosmos.

La medición de la cantidad de materia oscura en el universo no es tarea fácil. Después de todo es materia oscura que no interactúa de manera significativa con la materia ordinaria. No obstante, los efectos gravitacionales de la materia oscura brindan una idea de su cantidad. Las mejores estimaciones indican que representa aproximadamente una cuarta parte de la masa-energía del universo, mientras que la materia ordinaria, de la que están formadas las estrellas, nuestro planeta, y nosotros mismos, comprende sólo el 5% (el resto estaría compuesto por la energía oscura). La materia oscura es la sustancia dominante en el universo, lo que lleva a los físicos a elaborar teorías y experimentos para explorar sus propiedades y entender cómo se originó.

Algunas teorías que de manera elegante explican ciertas rarezas desconcertantes en la física, tales como la debilidad de la gravedad en comparación con otras interacciones fundamentales como la electromagnética y las fuerzas nuclear fuerte y nuclear débil, no se aceptan plenamente porque predicen más materia oscura que la que indican las observaciones empíricas. Esta nueva teoría resuelve ese problema.

En la cosmología estándar, la expansión exponencial del universo, llamada inflación cósmica, comenzó quizás tan pronto como a los 10-35 segundos tras el principio del tiempo (una coma seguida de 34 ceros y un 1). Esta expansión explosiva de la totalidad del espacio duró tan solo unas fracciones de una fracción de segundo, y eventualmente dio lugar a un universo caliente, seguido de un período de enfriamiento que ha continuado hasta nuestros días. Luego, cuando el universo tenía apenas unos segundos a minutos de edad – lo suficientemente frío – comenzó la formación de los elementos más ligeros. Entre esos hitos, puede haber habido otros interludios inflacionarios, afirma el nuevo estudio.

En el principio, cuando las temperaturas se dispararon miles de millones grados en un volumen relativamente pequeño de espacio, las partículas de materia oscura podrían haber colisionado entre sí y aniquilarse al entrar en contacto, convirtiendo su energía en componentes estándares de la materia – partículas como electrones y quarks. Pero a medida que el universo continuó su expansión y enfriamiento, las partículas de materia oscura se encontraron con mucha menos frecuencia, y la tasa de aniquilación no pudo seguir el ritmo de la tasa de expansión.

Sin embargo, a medida que las interacciones de materia oscura se hicieron más débiles, aumentó la abundancia definitiva de partículas de materia oscura. Debido a que los experimentos ponen restricciones cada vez más rígidas en la fuerza de las interacciones de materia oscura, hay algunas teorías actuales que terminan sobreestimando la cantidad de materia oscura en el universo. Para armonizar la teoría con las observaciones, el nuevo estudio sugiere que ocurrió otro período inflacionario, impulsado por la interacción de un “sector oculto” de la física. Este segundo período inflacionario más leve se habría caracterizado por un rápido aumento en el volumen lo que habría diluido la abundancia de partículas primordiales, dejando al universo con la densidad de la materia oscura que observamos hoy.

Bibliografía: Hooman Davoudiasl, Dan Hooper, and Samuel D. McDermott, Inflatable dark matter, Phys. Rev. Lett. 18.01.2016

Fuente: Brookhaven National Laboratory
La mosca más grande del mundo enfrenta nueva competencia: dos especies que estaban empolvándose en viejos gabinetes de museos.

Por James Owen 

Foto: Andre Alves

Con envergaduras del ancho de una mano y cuerpos del largo de un dedo, los insectos recién descritos son tan asombrosos como Gauromydas heros, el pariente que tiene el récord mundial.

Unos científicos identificaron a G. mateus y G. papaveroi entre 14 especímenes olvidados en colecciones de Brasil, Francia y Costa Rica que datan de la década de 1930.

Según la líder el estudio, Julia Calhau, del Museo de Zoología de la Universidad de São Paulo, Brasil, dichos especímenes son los únicos ejemplares conocidos de las dos especies nuevas.

Con cuerpos de hasta 4.3 centímetros y envergaduras de hasta 9 centímetros, ninguna de las especies de la pequeña muestra compite contra los ejemplos más grandes de G. heros.

No obstante, Calhau considera que la competencia no ha terminado, pues podrían encontrar más moscas en museos o en sus hábitats naturales de Centro y Sudamérica.

“La variedad de tamaños de G. heros es muy amplia –de 32 a 70 milímetros- y la longitud de las dos especies nuevas también podría variar drásticamente”, comenta Calhau, cuyo estudio fue publicado el 26 de noviembre en la revista Zootaxa.

Gigantes esquivos

Aunque las etiquetas de los especímenes museográficos informaban que fueron capturados en localidades de Argentina, Brasil y Costa Rica, será muy difícil rastrear a sus descendientes vivos.

Calhau señala que nada se sabe de la vida de G. mateus y G. papaveroi, y enfatiza que hasta las moscas Gauromydas que se conocen son increíblemente esquivas.

Torsten Dikow, entomólogo investigador del Museo Nacional de Historia Natural del Instituto Smithsoniano, en Washington, D.C., es experto en moscas avispa (Mydidae), familia a la que pertenecen estos colosos.

A pesar de ello, nunca ha puesto los ojos en una mosca Gauromydas viva. “Sabemos muy poco de su biología, porque rara vez pueden observarse”, dice Dikow, quien no fue parte del equipo de estudio.

Una explicación es que “las moscas son, simplemente, raras” y las adultas “están activas durante un periodo corto del año”, agrega.

Además, los adultos alados imitan el aspecto y la conducta de vuelo, elevado y rápido, de unas avispas grandes del género Pepsis, conocidas como avispas caza tarántulas.

De esa manera, las moscas ahuyentan a sus depredadores; y de paso, también ahuyentan a los entomólogos.

Si bien las moscas Gauromydas son inofensivas, “seguro no querrás que te pique una de esas avispas”, dice Dikow.

Pistas en hormigueros

Mucho de lo que sabemos de las moscas gigantes lo debemos a un investigador que se las ingenió para localizar sitios de reproducción de G. heros en el sureste de Brasil, en la década de 1940.

Los científicos observaron a los insectos apareándose cerca de nidos de hormigas cortadoras de hojas, donde depositaban sus huevos. Las gordas larvas se alimentaban con larvas de escarabajo que buscan comida en cámaras de desechos de hormigas.

En cuanto a los adultos, “creo que son comedores de néctar, pues han desarrollado estructuras bucales y se les ha visto visitando flores”, señaló Calhau.

Lo mismo podría decirse de las especies recién descubiertas, añade, pues las etiquetas de identificación revelan que algunas de las moscas monstruo fueron capturadas usando néctar de agave como cebo.

El tiempo dirá si G. mateus y G. papaveroi se quedarán con el título de la mosca más grande, aunque es poco probable que compitan por el título de peso pesado del reino de las moscas.

Las moscas de la familia Pantophthalmidae, a veces llamadas moscas barrenadoras de la madera, “son más cortas, pero podrían ser más pesadas porque son más robustas”, dice Dikow.

Con todo, también es muy difícil encontrarlas. Así que no te preocupes, no vas a necesitar un matamoscas más grande.


(ngenespanol.com)

Lo realizaron mediante técnicas genéticas; en 2014, unas 580.000 personas murieron por malaria en todo el mundo





WASHINGTON.— Científicos dispuestos a acabar con la picadura que provoca la malaria han producido una cepa de mosquitos que portan genes que bloquean su transmisión, con la idea de que puedan reproducirse con otros miembros de su especie y que su descendencia no propague la enfermedad.

El avance fue publicado hoy en dos estudios en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS). Los investigadores explicaron que utilizaron la edición de genes, una técnica de ingeniería genética en la que el ADN puede ser insertado, reemplazado o borrado de un genoma en especies pertenecientes a las llamadas Anopheles stephensi, que propagan la malaria en zonas urbanas de la India. El gen antiparasitario actúa sobre dos proteínas clave producidas durante la fase infecciosa del parásito de la malaria Plasmodium falciparum.

Los científicos insertaron el ADN en la línea germinal -células que pasan a través de los genes de generación en generación- de las especies, creando mosquitos que portan genes que previenen la transmisión de la malaria produciendo anticuerpos bloqueadores de la enfermedad que se transmiten a un 99,5 por ciento de las crías.

La malaria se contagia a través de la picadura de mosquitos hembra infectados en seres humanos.

El objetivo del proyecto es liberar mosquitos genéticamente modificados para que puedan aparearse con mosquitos salvajes y que sus genes bloqueadores de la malaria entren en su reserva genética y finalmente desborden a la población, impidiendo la posibilidad de que estas especies puedan infectar a personas.


Objetivo en 10 generaciones

"Se puede propagar a través de la especie con una gran eficiencia, incrementándose desde un 1 por ciento hasta un 99 por ciento en 10 generaciones", indicó Valentino Gantz, biólogo de la Universidad de California-San Diego.

El también biólogo de la Universidad de California-San Diego, Ethan Bier, ha calificado el proyecto como "una potente herramienta para el control sostenible de la malaria", al ser posible que los mosquitos de toda una región puedan portar genes antimalaria.

"No estamos diciendo que esta estrategia pueda erradicar la malaria por sí sola", añadió Anthony James, biólogo molecular de la Universidad de California-Irvine.

Pero junto a medicamentos para el tratamiento y la prevención, las futuras vacunas, el uso de mosquiteros y la erradicación de lugares de reproducción, podría tener un papel importante en la eliminación de la malaria, declaró James.

La Organización Mundial de la Salud estima que habrá 214 millones de casos de malaria en todo el mundo en 2015 y 438.000 muertes, la mayoría de ellas en África Subsahariana. Solo en 2014, alrededor de 580.000 personas murieron a causa de la malaria en todo el mundo.


Agencias Reuters y EFE
Unos investigadores que han pasado años buscando los cuerpos celestes más antiguos del universo confirman la detección de la que parece ser la galaxia más lejana y antigua de entre las encontradas hasta hoy.

Dado que vemos cada objeto cósmico por la luz que nos llega de ellos ahora, y que esta ha viajado tantos años como años-luz de distancia nos separan de cada objeto, la galaxia más lejana es también la más antigua de entre las observadas.

El equipo de Adi Zitrin, del Instituto Tecnológico de California (Caltech) en Pasadena, Estados Unidos, y Richard Ellis, ahora en el University College de Londres, Reino Unido, aporta evidencias de que una galaxia llamada EGS8p7 tiene más de 13.200 millones de años de antigüedad (y está por tanto a 13.200 millones de años-luz de distancia). Al universo se le calcula una edad de aproximadamente 13.800 millones de años.

A principios de este año, EGS8p7 fue catalogada como candidata para una investigación más profunda con arreglo a los datos recogidos por el Telescopio Espacial Hubble y el Telescopio Espacial Spitzer, ambos de la NASA. Usando el espectrómetro MOSFIRE en el Observatorio W.M. Keck en Hawái, los investigadores llevaron a cabo un análisis espectrográfico de la galaxia para determinar su corrimiento al rojo. El corrimiento al rojo tiene que ver con el efecto Doppler, el mismo fenómeno que causa que la sirena de un camión de bomberos reduzca su tono justo al pasar junto a nosotros. Con los objetos celestes, sin embargo, es la luz la que se ve “estirada” en vez del sonido; en vez de un descenso audible en el tono, se produce un desplazamiento del color real hacia longitudes de onda más rojizas, debido mayormente a la expansión del universo, que aleja entre sí a los objetos cósmicos.


Esta es la galaxia EGS8p7, vista por el Telescopio Espacial Hubble (imagen grande y recuadro de arriba a la derecha), y por el Telescopio Espacial Spitzer (recuadro inferior, a la derecha), en el infrarrojo. (Foto: I. Labbé (Leiden University), NASA/ESA/JPL-Caltech)


EGS8p7 es inusualmente luminosa, y podría estar energizada por una población de estrellas anormalmente calientes. La galaxia también podría tener propiedades especiales que permitieron que esta creara una gran burbuja de hidrógeno ionizado mucho antes de lo que es posible para galaxias más típicas de la época.

El tojo o retamo espinoso es un arbusto europeo que ha proliferado en otras partes del mundo, como en este paisaje neozelandés. /  PIETER PELSER

"El hecho de que tanto América del Norte como Europa tengan tantas especies naturalizadas tiene mucho que ver con que ambos continentes son los mayores actores del comercio global. El movimiento de personas y cosas probablemente haya aumentado la introducción intencionada o accidental de especies desde una parte del mundo a otra", dice el biólogo de la Universidad de Constanza (Alemania) y principal autor del estudio, Mark van Kleunen. Pero enseguida añade un dato que complica el mapa: "Estos continentes han importado muchas especies, pero también han exportado otras muchas de sus propias especies".

En efecto, su mapa mundial de plantas alóctonas muestra que Europa es el mayor donante de especies, seguida de cerca por la Asia templada (China, Japón...). En tercer lugar vuelve a aparecer América del Norte. Charles Darwin, no sin un punto de etnocentrismo de científico del Imperio británico del siglo XIX, sostenía que las especies del hemisferio norte habían tenido una historia evolutiva mas dura y competitiva, haciéndolas más fuertes y capaces de adaptarse a otros medios. Eso explicaría, según él, su éxito invasor frente a las plantas del sur. En realidad, este estudio muestra que el principal destino de la flora norteña no es el hemisferio sur, sino las áreas del norte. El naturalista inglés olvidaba también el peso del colonialismo europeo, en este caso, colonialismo vegetal.

"Creo que los trópicos son, en términos relativos, pequeños importadores y exportadores porque las regiones templadas del hemisferio norte son grandes importadores y exportadores. Como decía antes, estas últimas han sido los mayores actores de comercio mundial y, como no, los europeos colonizaron muchas partes del mundo, llevando consigo muchas de las plantas que les eran familiares", explica van Kleunen.
En las dos últimas décadas, los avances científicos en el área del nanomagnetismo han permitido la creación de dispositivos de almacenamiento de datos cada vez más pequeños con mayor capacidad y mejor funcionamiento. La unidad de almacenamiento, el bit, se ha miniaturizado hasta alcanzar tamaños de apenas unas decenas de nanómetros (es decir, algunas cienmilésimas de milímetro).

Estos dispositivos están constituidos por apilamientos de capas muy finas de materiales magnéticos con distintas propiedades. Las capas ultrafinas ejercen entre sí influencias mutuas que determinan su comportamiento. Pero todavía queda pendiente resolver cómo interaccionan esas capas, cómo mejorar su fabricación y cuál es su caracterización magnética.

Un grupo de científicos españoles del Sincrotrón ALBA, de la Universidad de Oviedo, de la Universidad de Oporto (Portugal) y del Centro Nacional de Microelectrónica (CNM-CSIC) ha llevado a cabo una investigación que arroja luz sobre los dominios magnéticos en capas magnéticas ultrafinas. Los dominios magnéticos son zonas de tamaño muy reducido en las que la imanación tiene valores distintos. Si nos imaginamos un tablero de ajedrez, las casillas blancas estarían imanadas con el polo norte hacia arriba y las negras con el polo norte hacia abajo. Cada una de las casillas sería un dominio magnético.

El Sincrotrón Alba

Los investigadores, utilizando el microscopio de rayos X del Sincrotrón ALBA, han podido medir con precisión los ángulos de las imanaciones de los dominios y determinar cómo cambia cuando están enterrados, es decir, cuando están cubiertos por otra capa de material. “Esto es importante porque afecta a la densidad del almacenamiento magnético y al comportamiento de los dispositivos”, dice Salvador Ferrer, científico adjunto a la dirección de ALBA y uno de los autores del estudio que publica Nature Communications.

Durante la investigación, los científicos han recurrido a la línea de luz MISTRAL del Sincrotrón ALBA, equipada con un microscopio de rayos X de transmisión. Este microscopio opera con luz de sincrotrón de una longitud de onda específicamente seleccionada, lo que permite visualizar los dominios magnéticos enterrados.

Mediante este dispositivo, los rayos X pueden incidir sobre las capas magnéticas a diversos ángulos y esto permite deducir cómo está orientada la imanación de los dominios magnéticos. Siguiendo con el símil del tablero de ajedrez, significaría que los polos norte y sur estarían en dirección perpendicular o inclinada respecto al tablero. Además, los investigadores han sido capaces de identificar irregularidades en las estructuras magnéticas, como si en nuestro tablero, hubiera varias casillas del mismo color una al lado de la otra.

Conocer estos defectos permite comprender el “comportamiento magnético de las capas magnéticas, lo que contribuye a su mejor control y utilización”, apunta Ferrer. (Fuente: Sincrotrón ALBA)
Como la Tierra, Saturno se halla inclinado sobre su eje. A lo largo de su órbita de 29 años, los rayos del Sol se desplazan del norte al sur sobre el planeta y sus anillos, repitiéndose después el proceso. La cambiante luz solar ocasiona que la temperatura de los anillos, hechos de billones de partículas de hielo, varíe de estación en estación.

Durante el último equinoccio en Saturno, que duró solo unos pocos días, el Sol se puso sobre los anillos, y la sonda espacial Cassini realizó observaciones detalladas de este singular crepúsculo. El equinoccio, uno de los dos momentos en el año de Saturno durante los cuales el Sol ilumina de costado el enorme sistema de anillos, proporcionó una oportunidad extraordinaria a la Cassini, en órbita al planeta desde 2004, que así detectó cambios de corta duración en los anillos, revelando detalles sobre su naturaleza.

Un análisis reciente de aquellas observaciones, realizado por el equipo de Ryuji Morishima, del Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA en Pasadena, California, Estados Unidos, indica que una sección de los anillos parece haber experimentado una temperatura más alta de lo esperado, lo que ha proporcionado una pista clave sobre la estructura interior de las partículas de los anillos, de la que es muy poco lo que se sabe.

Los investigadores examinaron los datos recolectados por un espectrómetro infrarrojo de la nave. Este captó en esencia la temperatura de los anillos a medida que se enfriaban tras la exposición a la luz solar. Los científicos compararon después los datos de temperatura con los modelos informáticos que intentan describir las propiedades de las partículas de los anillos en una escala individual.


El planeta Saturno, visto por la nave espacial Cassini de la NASA durante su último equinoccio, en 2009. (Foto: NASA/JPL/Space Science Institute)


Lo que encontraron fue desconcertante. Para la mayor parte del conjunto de anillos de Saturno, los modelos predijeron correctamente cómo se enfriaron estos a medida que se sumían en la oscuridad. Pero una gran sección, la más externa de los enormes anillos principales, denominada anillo A, estaba mucho más caliente que lo que predijeron los modelos. El pico de temperatura fue especialmente destacado en la mitad del anillo A.

Morishima, Linda Spilker y sus colegas realizaron una investigación detallada de cómo partículas de los anillos caracterizadas por estructuras diferentes se calentarían y enfriarían durante las estaciones de Saturno.

Los resultados de su investigación sugieren que las partículas en esa sección del conjunto de anillos son más densas que en cualquier otra parte, posiblemente debido a sus núcleos sólidos, de hielo. Ello indicaría que esta sección es mucho más joven que el resto. En cambio, otras partes de los anillos podrían ser tan antiguas como el propio Saturno.
Los humanos nos preguntamos desde hace mucho tiempo: “¿Estamos solos en el universo?”. Después de todo, la Tierra es solo un planeta en una galaxia entre cientos de miles de millones de ellas esparcidas por el cosmos.

Ahora, el equipo de la investigadora Pratika Dayal, de la Universidad de Durham en el Reino Unido, está intentando ayudar a resolver este misterio, construyendo el primer modelo cosmobiológico de su tipo para explorar la habitabilidad del universo. Dayal y sus colaboradores esperan que su modelo ayude a identificar galaxias con el potencial de albergar vida tal y como la conocemos.

Dicho de manera sencilla, la habitabilidad de una galaxia depende de tres cosas.

En primer lugar, está el número total de estrellas capaces de poseer planetas a su alrededor, lo cual guarda relación con el tamaño de la galaxia.

En segundo lugar, hay que tener en cuenta la cantidad total de bloques de construcción químicos que esté disponible para dar forma a planetas y a la propia vida, como carbono, oxígeno y hierro.

En tercer lugar, es necesario considerar la influencia negativa de una cantidad demasiado elevada de explosiones supernova, cuya potente radiación puede potencialmente inhibir la formación y evolución de vida compleja en planetas próximos a ellas.

Galaxia elíptica 

Valiéndose de un sondeo de más de 140.000 galaxias en la región del universo más cercana a la Tierra, el equipo ha llegado a la conclusión de que las galaxias elípticas (cuya forma es redondeada) podrían constituir las “cunas de la vida” más probables.

Estas galaxias idóneas, al menos el doble de grandes que nuestra Vía Láctea (que no es elíptica sino espiral), poseen una gran cantidad de estrellas y podrían potencialmente albergar 10.000 veces más planetas semejantes a la Tierra que las galaxias como la nuestra.

También tienen la menor tasa de explosiones en forma de supernova, lo que significa que la mayoría de estos planetas no se ven alterados por radiaciones cósmicas dañinas y podrían reunir las condiciones adecuadas para albergar vida.

Los investigadores esperan ahora aplicar el nuevo modelo cosmobiológico a todo el universo.
 Esta imagen proporcionada por el satélite Planck, de la ESA, muestra las dos Nubes de Magallanes, que se cuentan entre las galaxias más próximas a nuestra Vía Láctea. La Gran Nube de Magallanes, a unos 160.000 años luz de distancia, es la gran mancha roja y anaranjada en el centro de la imagen. La Pequeña Nube de Magallanes, a unos 200.000 años luz de distancia, es el objeto situado abajo a la izquierda, de forma vagamente triangular.

(Foto: ESA and the Planck Collaboration)

Con una masa equivalente a 7.000 y 10.000 millones de masas solares respectivamente, estas  galaxias están clasificadas como enanas. La Vía Láctea y otra de sus vecinas, Andrómeda, tienen masas de unos pocos cientos de miles de millones de masas solares cada una.

Las Nubes de Magallanes no son visibles desde latitudes altas al Norte, y no fueron introducidas en la astronomía europea hasta principios del siglo XVI. Sin embargo eran conocidas desde mucho antes por muchas civilizaciones en el hemisferio Sur, así como por astrónomos de Oriente Medio.

Planck detectó el polvo interestelar en las Nubes de Magallanes mientras barría el cielo para estudiar con un grado de detalle sin precedentes el fondo cósmico de microondas -la luz más antigua del universo-. De hecho, Planck detectó emisión de prácticamente todo lo que brillaba (a las frecuencias a las que era sensible) entre el propio satélite y el fondo cósmico de microondas.

Entre estas fuentes situadas antes del fondo hay numerosas galaxias, más y menos lejanas, así como material interestelar de la Vía Láctea. Los astrónomos deben eliminar esta emisión si quieren acceder a la información que atesora la luz del fondo cósmico. Pero pueden usar las observaciones de estos objetos que se interponen para investigar cómo se forman las estrellas en las galaxias, incluida la nuestra.

El polvo interestelar procedente del medio difuso que permea nuestra galaxia es la mezcla de nubes color rojo, naranja y amarillo en la parte superior de la imagen. Es el polvo de un gran complejo de formación estelar en una constelación del Sur, el Camaleón.

Puede verse además un filamento que sale desde las densas nubes del Camaleón, en la parte superior izquierda, hacia la esquina opuesta de la imagen.

Situado en apariencia entre las dos Nubes de Magallanes, tal como se veían desde donde está Planck, este filamento de polvo se encuentra de hecho mucho más próximo a nosotros, a solo unos 300 años luz. La imagen muestra lo bien que se alinea esta estructura con el campo magnético de la galaxia -representado como la textura de la imagen-, estimado a partir de las medidas de Planck.

Comparando la estructura del campo magnético y la distribución de polvo interestelar en la Vía Láctea los científicos pueden estudiar la distribución relativa de nubes interestelares y del campo magnético ambiental. Mientras en el caso de las nubes de filamentos que muestra la imagen la estructura se alinea en dirección al campo magnético, en las nubes más densas donde se forman las estrellas los filamentos tienden a ser perpendiculares al campo magnético interestelar.

La parte inferior derecha de la imagen es una de las regiones de menor brillo en el cielo a las frecuencias de Planck. Las marcas azules señalan concentraciones muy bajas de polvo cósmico. De forma similar, la estructura de la textura está causada sobre todo por ruido instrumental, más que por procesos reales en el campo magnético.

La emisión del polvo se calcula a partir de una combinación de las observaciones de Planck a 353, 545 y 857 GHz, mientras que la dirección del campo magnético se basa en los datos de polarización de Planck a 353 GHz. La imagen abarca unos 40º. (Fuente: ESA)
Observan la forma en que el Bosón de Higgs interactúa con otras partículas



 GINEBRA, SUIZA (01/SEP/2015).- A tres años del descubrimiento del Bosón de Higgs, el Centro Europeo de Investigación Nuclear (CERN por siglas en francés) logró captar la imagen más precisa y más nítida de dicha partícula.

Esto fue posible gracias a la colaboración de los experimentos ATLAS y CMS que tienen lugar en el Gran Hadrón de Colisionadores (LHC ) conocido también como la Máquina del Big Bang.

El LHC es un anillo de 27 kilómetros de circunferencia localizado a unos 80 metros bajo tierra, en la frontera entre Suiza y Francia.

En esa imponente máquina, es donde se llevaron a cabo millones de colusiones de partículas y en donde por primera vez se observó el tan buscado Bosón de Higgs que solamente existía en la teoría y que es parte fundamental del Modelo Estándar de la física moderna.

"El bosón de Higgs es una nueva herramienta fantástica para poner a prueba el Modelo Estándar de la física de partículas y estudiar el mecanismo Brout-Englert-Higgs que da masa a las partículas elementales", dijo en un mensaje a la prensa el director general del CERN, Rolf Heuer.

"Hay un gran beneficio en la combinación de los resultados de grandes experimentos (ATLAS y CMS) para llegar a la alta precisión necesaria para el próximo gran avance en nuestro campo'', refirió.

"De esta manera, logramos el avance que habría tomado al menos dos años más para un solo experimento'', observó.

En particular, los nuevos resultados ofrecen la mejor precisión en la producción y descomposición del Bosón y sobre la forma en que interactúa con otras partículas.

"Con ese resultado y el flujo de nuevos datos en el nuevo nivel de energía en el LHC, estamos en una buena posición para ver el Bosón de Higgs desde todos los ángulos posibles ", afirmó el CERN.
Dentro de los primeros 150 millones de años de la formación del sistema solar, un cuerpo gigante del tamaño de Marte golpeó y se fusionó con la Tierra, expulsando un enorme nube de rocas y escombros hacia el espacio. Esa nube eventualmente se fusionó y formó la Luna



Crédito: NASA / JPL-Caltech

Durante casi 30 años, los científicos planetarios han estado satisfechos con esta explicación – con una excepción importante. Aunque este escenario tiene sentido al considerar el tamaño de la luna y la física de su órbita alrededor de la Tierra, el escenario no encaja cuando se comparan sus composiciones isotópicas – el equivalente geológico de una “huella digital” de ADN. En concreto, la Tierra y la Luna son cuerpos demasiado parecidos.

Durante mucho tiempo la expectativa ha sido que la luna debe llevar a la “huella digital” isotópica del cuerpo extraño, que los científicos han llamado Theia. Debido a que Theia llegó desde otra parte del sistema solar, es probable que tuviera una huella digital isotópica muy diferente que la Tierra primitiva.

Ahora, un equipo de científicos de la Universidad de Maryland (UMD ) ha generado una nueva huella digital isotópica de la luna que podría proporcionar la pieza faltante del rompecabezas. Al enfocarse en un isótopo de tungsteno presente tanto en la Luna, como en la Tierra, el equipo de UMD ha conciliado el modelo aceptado de formación de la Luna con las huellas isotópicas inesperadamente similares de ambos cuerpos. Los resultados sugieren que el impacto de Theia con la Tierra primitiva fue tan violento que la nube de escombros resultante se mezcló totalmente antes de asentarse y formar la Luna.

En los últimos años han surgido varias teorías diferentes para explicar las huellas similares de la Tierra y la Luna. Tal vez el impacto creó una enorme nube de escombros que se mezcla bien con la Tierra y luego se condensó para formar la Luna. O Theia, casualmente, podría haber sido isotópicamente similar a Tierra primitiva. Una tercera posibilidad es que la Luna se formó a partir de materiales de la Tierra, en vez de materiales de Theia, aunque eso habría sido el resultado de un tipo muy inusual de impacto.

Para encontrar una explicación, los investigadores de UMD estudiaron otro fenómeno bien documentado de la historia temprana del Sistema Solar. La evidencia sugiere que la Tierra y la Luna recibieron material adicional después del impacto principal, y que la Tierra recibió más de esos desechos y polvo. Este nuevo material contenía una gran cantidad de tungsteno, pero relativamente poco de ese material contenía un isótopo más ligero conocido como tungsteno-182. Tomando estas dos observaciones en conjunto, uno esperaría que la Tierra tuviera menos tungsteno-182 que la Luna.

Efectivamente, al comparar las rocas lunares y terrestres los investigadores encontra que la luna tiene una proporción ligeramente mayor de tungsteno-182. La clave, sin embargo, es cuánto.

La diferencia pequeña, pero significativa, en la composición isotópica del tungsteno entre la Tierra y la Luna se corresponde perfectamente a las diferentes cantidades de material post-impacto recibidos por la Tierra y la Luna, dicen los investigadores, quienes añaden que eso significa que justo después de la formación de la Luna formada, ésta tenía exactamente la misma composición isotópica que el manto de la Tierra.

Este hallazgo apoya la idea de que la masa de material creado por el impacto, que luego formó la Luna, debe haberse mezclado totalmente antes de que la Luna se fusionara y se enfriara. Esto explicaría tanto las similitudes generales de las huellas isotópicas, como las ligeras diferencias de tungsteno-182.

También excluye en gran medida la idea de que el cuerpo del tamaño de Marte tenía una composición similar, o que la Luna se formó a partir del material contenido en la Tierra antes del impacto. En ambos casos, sería muy poco probable que veamos una correlación tan perfecta entre el tungsteno-182 y las cantidades de materiales recogidos por la Luna y la Tierra tras el impacto.

Estudio: Mathieu Touboul, Igor S. Puchtel, Richard J. Walker. Tungsten isotopic evidence for disproportional late accretion to the Earth and Moon. Nature (2015), doi: 10.1038/nature14355.

Fuente: University of Maryland