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Los compuestos químicos presentes en la superficie del Planeta rojo pueden matar las bacterias terrestres que comúnmente viajan en una nave espacial



Imagen: NASA


El ambiente en Marte resulta más tóxico para las formas de vida terrestres de lo que se pensaba, según han demostrado experimentos de científicos de la Universidad de Edimburgo (Escocia). Los hallazgos podrían tener implicaciones para una futura exploración robótica y humana de Marte, por problemas de contaminación.

Los investigadores analizaron el comportamiento de los compuestos químicos, llamados percloratos, que se encuentran en la superficie del planeta rojo. Encontraron que, cuando se exponen a la luz ultravioleta mientras están en condiciones ambientales que imitan a las de Marte, estos productos químicos pueden matar las bacterias comúnmente transportadas por una nave espacial.

Además, el efecto de los percloratos puede ser combinado y acentuado por otros dos tipos de químicos encontrados en la superficie de Marte: óxidos de hierro y peróxido de hidrógeno.

En experimentos en los que los tres químicos estaban presentes, la combinación condujo a un aumento de más de 10 veces de la muerte de células bacterianas en comparación con los percloratos solos.

Precaución en futuras misiones

Los científicos han especulado sobre la influencia que los percloratos pueden tener en la habitabilidad del planeta, desde su descubrimiento allí hace varios años. Investigadores del Centro de Astrobiología y Astronomía del Reino Unido investigaron la reactividad potencial de percloratos y su efecto sobre Bacillus subtilis, una bacteria que se encuentra en naves espaciales y es común en suelos y rocas.

Sus experimentos mostraron que cuando el perclorato de magnesio fue expuesto a la radiación UV similar a la de Marte, era capaz de matar bacterias de forma mucho más eficaz que la luz UV en solitario. En concentraciones de perclorato similares a las encontradas en la superficie marciana, las células de B. subtilis murieron rápidamente.

Aunque se sospecha desde hace algún tiempo que la superficie marciana tiene efectos tóxicos, el último estudio, publicado en Scientific Reports, sugiere que puede ser muy perjudicial para las células vivas. Esto se debe a una mezcla tóxica de oxidantes, óxidos de hierro, percloratos y energía UV.

«Nuestros resultados tienen implicaciones importantes para la posible contaminación de Marte con bacterias y otros materiales de las misiones espaciales. Esto debe tenerse en cuenta al diseñar misiones a Marte», ha señalado en un comunicado Jennifer Wadsworth, del Centro de Astrobiología del Reino Unido. © ABC.es

¿Cuántas civilizaciones capaces de comunicarse con nosotros hay en la Vía Láctea?

por Carlo Frabetti



Para calcular cuántos afinadores de pianos podía haber en Chicago, Fermi razonó del siguiente modo: en Chicago viven unos cinco millones de personas; suponiendo que haya una media de dos personas por casa y un piano cada veinte casas, hay algo más de cien mil pianos, que, si se afinan una vez al año y si afinar un piano lleva un par de horas, darán trabajo a unos cien afinadores durante ocho horas diarias, cinco días a la semana. En el cálculo se parte de una serie de suposiciones poco precisas, pero verosímiles, y el resultado, aunque no sea -ni lo pretenda- exacto, es una primera aproximación aceptable, que nos da idea del orden de magnitud de la cantidad buscada: tras los sencillos cálculos de Fermi, no es razonable pensar que en Chicago haya (hubiera en aquella época) miles de afinadores de pianos, o solo una docena.

Con respecto a la bola de hierro que cae al mar sobre la fosa de las Marianas, hay que tener en cuenta, ante todo, que un objeto que se hunde en el agua lo hace a velocidad constante, pues la resistencia del agua aumenta rápidamente con la velocidad y evita que el objeto acelere (en el aire, mucho menos denso, ocurre lo mismo: una persona en caída libre se estabiliza al alcanzar una velocidad de unos 300 km/h). Todos hemos visto hundirse un objeto en una piscina (por ejemplo, jugado a buscar una piedra o una moneda tirada al agua), y podemos estimar que desciende pocos metros en un segundo, digamos tres o cuatro, por lo que es razonable pensar que la bola de la semana pasada tardaría alrededor de una hora en descender los 11 kilómetros de profundidad de la fosa de las Marianas. En este contexto, “media hora” (como han estimado algunos lectores) o “dos horas” son respuestas válidas; de lo que se trata es de no quedarse paralizado ante la ausencia de datos y dar con el orden de magnitud.


¿Cuántas civilizaciones hay en la Vía Láctea?

Una famosa aplicación del método de Fermi es la conocida como “ecuación de Drake”. En 1961, el astrónomo Frank Drake, presidente de SETI, propuso una fórmula para calcular el número de posibles civilizaciones de la Vía Láctea susceptibles de ponerse en contacto con nosotros. Según Drake, ese número es:

N = R* . fp. ne . fl . fi . fc . L

R* es el número de estrellas que nacen en nuestra galaxia cada año y duran lo suficiente como para poder desarrollar vida.

fp es la fracción de esas estrellas que tienen planetas orbitando a su alrededor.

ne es el número de esos planetas situados en la ecosfera, esto es, en la zona idónea para la vida.

fl es la fracción de esos planetas en los que se desarrolla la vida.

fi es la fracción de esos planetas en los que se desarrolla vida inteligente.

fc es la fracción de esos planetas en los que los seres inteligentes han desarrollado una tecnología que les permite comunicarse con otros mundos.

L es el lapso de vida de una civilización inteligente y comunicativa.

Aplicando esta fórmula, Drake llegó a la conclusión de que en nuestra galaxia podría haber una decena de civilizaciones capaces de comunicarse con nosotros. ¿Qué opinan nuestras/os sagaces lectoras/es? De la fórmula misma, de los valores atribuibles a cada factor, de la conclusión de Drake... © El País


CARLO FRABETTI es escritor y matemático, miembro de la Academia de Ciencias de Nueva York. Ha publicado más de 50 obras de divulgación científica para adultos, niños y jóvenes, entre ellos Maldita física, Malditas matemáticas o El gran juego. Fue guionista de La bola de cristal.
La teoría del Cuello de botella de Gaia dice que la vida pudo haber comenzado en muchos planetas pero fue incapaz de arraigar




por  J. de Jorge | Madrid

Hace decenas de años que la humanidad espera recibir un saludo de otros mundos y solo ha obtenido silencio. Proyectos como el SETI (Search for Extra Terrestrial Intelligente) para la búsqueda de vida inteligente en el espacio se han prolongado sin ninguna señal registrada en sus instrumentos que indique la presencia de civilizaciones alienígenas. Sin embargo, es probable que el Universo esté repleto de planetas habitables, rocosos y húmedos, con los ingredientes y las fuentes de energía necesarias para la vida. Entonces, ¿por qué no hemos recibido aún una respuesta? ¿Por qué no hemos encontrado rastro de vida, aunque sea muy sencilla, por ninguna parte? Es lo que se llama la paradoja de Fermi, expuesta por el físico Enrico Fermi en 1950 y que todavía no tiene solución.

Astrobiólogos de la Universidad Nacional de Australia (ANU) plantean una explicación no muy optimista, una teoría a la que llaman Cuello de botella de Gaia. A su juicio, los alienígenas no existen no porque sean un imposible fantástico propio de las películas de ciencia ficción, sino porque la vida en otros planetas probablemente fue muy breve, acabó muy rápido debido al calentamiento desbocado o al enfriamiento en esos mundos. La conclusión es que los alienígenas están muertos, extinguidos.

«Probablemente, el Universo está repleto de planetas habitables, por lo que muchos científicos piensan que debe de estar lleno de extraterrestres», dice Aditya Chopra, de la Escuela de Investigación de Ciencias de la Tierra de ANU y autor principal del artículo, que se publica en la revista Astrobiología. Pero, «la vida temprana es frágil, por lo que rara vez evoluciona con la suficiente rapidez para sobrevivir -añade-; la mayoría de los ambientes planetarios son inestables cuando nacen. Para producir un planeta habitable, las formas de vida necesitan regular los gases de efecto invernadero, como el vapor de agua y el dióxido de carbono para mantener estables las temperaturas de la superficie».

Hace unos 4.000 millones años, la Tierra, Venus y Marte tenían posibilidades de ser habitables. Sin embargo, más o menos mil millones de años después de su formación, Venus se convirtió en un invernadero y Marte se congeló. La vida microbiana temprana en Venus y Marte, si es que alguna vez hubo alguna, no logró estabilizar el entorno rápidamente cambiante, explica el coautor Charley Lineweaver, profesor del Instituto de Ciencia Planetaria de ANU. Sin embargo, «la vida en la Tierra pudo jugar un papel importante en la estabilización del clima del planeta», añade.

Chopra cree que su teoría resuelve un rompecabezas. «El misterio de por qué todavía no hemos encontrado indicios de vida extraterrestre puede tener menos que ver con la posibilidad del origen de la vida o de la inteligencia y tener más que ver con la rareza de la rápida aparición de la regulación biológica de los ciclos de retroalimentación en las superficies planetarias», explica.

El Cuello de botella de Gaia lleva a una extinción casi general de la vida extraterrestre. «Una predicción intrigante de este modelo es que la gran mayoría de los fósiles en el Universo serán de vida microbiana extinta, no de especies multicelulares como los dinosaurios o humanoides que necesitan miles de millones de años para evolucionar», apunta Lineweaver.


Fuente: abc.es

Científicos de EE.UU. y Alemania han afirmado que podrían existir microorganismos enormes y antiquísimos en la mayor de las lunas de Saturno, Titán.


Imagen: Shutterstock

























Según el artículo publicado por la revista Life, estos organismos presentarían un conjunto de mecanismos específicos para la supervivencia en condiciones extremas. Los investigadores se encuentran examinando las formas físicas y químicas de vida posible en sitios de características diferentes a las de la Tierra; en ese marco han analizado las diversas las posibilidades de composición, concluyendo que los organismos que podrían existir en Marte tendrían peróxido de hidrógeno como líquido intracelular, mientras que en Titán se basarían casi únicamente en la química de los hidrocarburos. Los seres vivos de Titán serían muy diferentes a los de la Tierra y a los hipotéticos habitantes de Marte ya que su temperatura de superficie es de -180 grados Celsius, y no hay agua en estado líquido ni dióxido de carbono.

En Titán, la función del agua en estado líquido la cumplen el metano y el etano líquidos. Las frías condiciones del satélite harían que el metabolismo de los posibles organismos fuera muy lento, siendo sus células extremadamente grandes, y su envejecimiento mucho más lento que en la Tierra. Uno de los autores del estudio, Dirk Schulze-Makuch, afirmó que  “sólo el descubrimiento de vida extraterrestre y de una segunda biosfera nos permitirá poner a prueba estas hipótesis”, lo que supondría “uno de los mayores logros de nuestra especie”.


FUENTE: RT